Apellidos patronímicos, toponímicos y otros

Todo apellido tiene un significado muchas veces sencillo, aunque otras no tanto porque nos falta la clave que nos permita explicarlos.

De entre estos apellidos destacan los apellidos toponímicos, que son de los más abundantes. Se puede afirmar casi con total seguridad que, una persona que lleva un apellido toponímico, tiene una relación con ese lugar que le sirve como apellido.

En primer lugar, puede que una persona, que naciera, viviera de manera temporal, y/o trabajara, en ese lugar, y tuviera que emigrar a otro lugar relativamente cercano. Es entonces cuando el nombre de un lugar se convierte en apellido toponímico: la persona que emigra, bien sea en memoria del lugar del que viene, o para diferenciarle del resto de personas que tienen el mismo nombre y primer apellido (muy común en la Edad Media), toma por apellido el nombre de ese lugar.

En segundo lugar, el señor de un lugar, tenga el título que tenga (vizconde, barón, conde, marqués, o duque), toma por apellido el topónimo como demostración de propiedad sobre ese lugar.

En cualquiera de sus casos y variantes, todo apellido toponímico, al menos en su origen, lleva delante la preopción "de" (por ejemplo, Pedro de Soria), que significa relación con ese topónimo. En la actualidad, muchos apellidos toponímicos han perdido esta preposición debido a un proceso que comenzó al final de la época moderna.

El apellido se puede formar en la primera persona que emigra (aunque no necesariamente), y que se hace hereditario solo por voluntad de sus descendientes.

Se pueden hacer diferentes divisiones dentro de estos apellidos toponímicos:

1. Entre la importancia de los diferentes topónimos: topónimos mayores (nombres de pueblos, villas o ciudades) y topónimos menores (del relieve, arquitectura…)
2. Entre el origen geográfico de los topónimos: topónimos de la provincia de Soria o de otras provincias.
3. Entre la relación con ese topónimo: topónimos o gentilicios de esos lugares.

Pero también son abundantes los apellidos patronímicos, quizás los que más, ya que son más antiguos. Estos apellidos nacieron al añadir al nombre del hijo, el nombre del padre, que irá variando según épocas.

En muchas civilizaciones hubo la práctica de añadir un prefijo o un sufijo al nombre del padre convertido en apellido. Este prefijo o sufijo significa "hijo de", descendencia o filiación. Conocidos son los casos de los Ben- musulmanes, y los Mac- escoceses.

La forma mayoritaria de nuestros apellidos patronímicos derivan de la tradición romana. El apellido patronímico romano iba en el caso de genitivo (desinencias –ius, -ii). Éste, durante la época medieval, sufrió variaciones debido al fraccionamiento del latín clásico en "vulgar", provocando diferencias fonéticas entre las zonas, lo que produjo a su vez cambios morfológicos en los apellidos: quitar, añadir o cambiar una o más letras.

1. La –i de la última sílaba, permutó en –a, u –o. Pero en muchos casos, se produjo una apertura del timbre, mudando a una –e-. Solo pervivió la –i- en la zona del noroeste.
2. Monopolización de la –z en posición final, haciendo desaparecer al resto de consonantes finales, -c, -d, -s y –t. Únicamente la –s ha sobrevivido en algunos apellidos del noroeste.
3. Feminización de apellidos añadiendo la vocal para –a (típica del femenino latino).
4. Supresión de una o más letras (síncopa), antes de seguir su proceso formativo de terminación en –z.

Su origen, un nombre propio generalizable a otras zonas de la Península Ibérica, nos descubre que pudo generarse a la vez en varias regiones, sin tener por tanto un tronco común todas las personas con un mismo apellido.

En la Edad Media, se produce en una línea descendiente, una alternancia de dos apellidos patronímicos, formando cadena entre ellos. Una solución para diferenciarse entre ellos será, o heredar el apellido del padre en vez de formar su apellido con el nombre de su padre (originando un apellido patronímico hereditario y rompiendo la cadena); o añadir un segundo apellido al primero, formando uno solo, pero con carácter patronímico y toponímico. Este apellido que se añade suele ser el nombre del lugar con el que guarda una relación.

Pero hubo apellidos patronímicos que no se declinaron, y se fosilizaron en su forma de nominativo (tal y como los conocemos en la actualidad, como Benito, por ejemplo) con la preposición "de" antepuesta, que desde el final de la época moderna iría desapareciendo en muchos casos.

También hay un cierto número de apellidos que no son ni apellidos patronímicos o ni toponímicos. Son apellidos que indican alguna característica especial del genearca (cabeza de linaje): un oficio o profesión o cargo (civil, eclesiástico o militar), un apodo, un defecto, un vicio, una virtud…; o bien tienen relación con el Reino Vegetal…

Una manera muy normal de clasificar a las personas es por su profesión. En este caso tuvo que haber un cabeza de linaje en que se fijara ese apellido. Y es aquí donde generalmente tiene más sentido el que un apellido de un oficio pase de padres a hijos por varias generaciones, que a esa familia se le conociera por su oficio, o que ellos mismo lo adoptaran como apellido familiar. Se pueden dividir en oficios y en carga. Y los cargos, a su vez en civiles, eclesiásticos y militares. Entre los oficios, destacarían apellidos como Tejedor, Tundidor (azotador), y según algunas interpretaciones, el apellido Mozas. Entre los cargos: militares (Alférez), civiles (Alcalde) y estado civil (Hidalgo). De cargo eclesiástico: Monge, Canciller o Chanciller, sería un ejemplo de cargo civil o eclesiástico, porque ambas cancillerías tenían ese cargo.

Otro tipo de apellidos es el que responde a los apodos o motes con que se puede conocer a una persona o familia, indicando alguna característica física o psicológica, un defecto, un vicio, o una virtud. Si esta característica la "heredaron" sus descendientes, entonces era fácil reconocer a esa familia. Y no era hereditaria, lo adoptaron como apellido en s memoria, aunque fuera un defecto. Como ejemplos pueden servir: Espadón, Malo y Medrano (acobardado) como defectos; Bravo (y sus compuestos Bravo de Lagunas y Bravo de Sarabia), y Valiente, como virtudes; Matalobos, como vicio.

Por último, los apellidos relacionados con el Reino Vegetal, que aunque en nuestra provincia sea más común el componente vegetal, no se manifiesta en la misma proporción en los apellidos. Su formación es idéntica a la de los apellidos toponímicos, pero en vez de tomar como origen un topónimo, lo hacen de un árbol, arbusto, planta, o conjunto de un mismo tipo, sus flores y sus frutos… Como, por ejemplo la existencia de algunos de los elementos vegetales anteriormente citados, cerca de un lugar en donde una persona viva, trabaje… De este tipo, tenemos los ejemplos de Granados, Romero, Villaumbrosía (sombreada).

Por lo tanto, todos los tipos de apellidos pueden no tener un tronco común, son se pudieron haber originado en diferentes lugares de la geografía española, e incluso en diferentes lugares, llevando el mismo apellido, pero no siendo familia.

Javier Mozas Hernando

(*) Artículo de la revista Abanco / Cosas de Soria (números 34, 35, 36, 37)